Archivo de diciembre, 2011
resumen y no-tan-resumen
por David, dic.22, 2011 | libro
En la solapa del libro, a modo de resumen o introducción, dice así: “Año 1865. Los Estados Unidos de América se esfuerzan por poner punto final a su guerra civil. Terminada la confrontación entre el Norte industrial y el Sur esclavista el eje del conflicto gira noventa grados para colocar el Este, colonizado y civilizado, frente al Oeste, bárbaro e indómito. Conforme a ese nuevo reparto de fuerzas surgen estos trece relatos en los que David Ruiz muestra su talento narrativo y retrata la naturaleza humana con las peripecias de unos personajes que pueblan un territorio nuevo que un día será mítico, el cada vez menos lejano y más salvaje Oeste”.
Para que ese texto apareciera ahí me escribió mi editor pidiéndome un texto corto que resumiera un poco el libro, que le sirviera de introducción y que pudiera provocar que a alguien le entren ganas de leerlo. Yo, que pese a que el libro no vaya a ser gordo tengo cierta incontinencia dactilar, entendí “corto” como “cosa de unas dos páginas de largo”, que luego ellos cortaron, enfocaron desde fuera (no seré yo quien escriba, sobre mí mismo, que si mi talento narrativo y que si retratos de la condición humana: aclarada queda la duda, aunque muchos podrían escribírselo a si mismos, esos piropazos suelen ser cosa de los editores) y plantearon así. Pero ya que me puse yo a meter paja y dar vueltas y contar cosas que venían al caso creo que voy a inaugurar el ricón del libro en el blog colgando la parrafada íntegra que escribí para presentarle, a quien no lo conozca de nada, mi Manual para Coyotes, aprovechando que cuesta menos imprimir pixels en un monitor que letras en una página:
“Es el año 1865. Norteamérica se esfuerza por ponerle a su guerra civil un punto final. Se decide para los libros de historia que esta termina el día 9 de abril. El país redefine ya su simetría interna, y el conflicto del Norte-Sur desaparece. La brújula gira noventa grados y coloca al Este, colonizado y civilizado, ante el Oeste, salvaje e indómito. Hacia el ocaso viajan los civiles que, sin más que las pocas pertenencias que atestan sus carromatos, buscan un lugar en el que establecerse y prosperar, y los miles de veteranos de ejércitos de vencedores o vencidos que buscan hacer su fortuna por las buenas o por las malas, o simplemente olvidar el olor de la sangre, el tufo de la pólvora y el estruendo de los gritos de agonía del millón de cadáveres que murieron en las trincheras.
Cruzan praderas infinitas, trepan montañas bestiales y vadean ríos turbulentos. Cada uno de ellos, la mota insignificante de un caballo y un jinete sobre la llanura sin fin o el terco y lento gusano de la caravana de carretas que traza roderas mugrientas en los páramos. La inmensa mayoría lo hace cargando sobre su espalda con la historia de una derrota —de un bando o del otro, o simplemente de la vida— y con un revólver al cinto.
Cada hombre está sucio, solo y desamparado, pero lleva en la cadera un mortal e instantáneo martillo de la justicia, una posibilidad para el crimen o una simple herramienta para combatir serpientes, coyotes e indios: dos kilos de acero que otorgan el poder, con un poco de fortuna y de puntería, de enviar seis almas directas al infierno.
Todos huyen de una vida o una muerte que les amenazaba detrás, lejos, en el este, y que durante el camino callan, con la esperanza de convertir el silencio en olvido. Todos ellos se lanzan de cabeza y a ciegas a un mundo sin ley habitado tan solo por las nuevas amenazas que, alrededor o surgidas de sus propios interiores, cercenarán sus vidas y sus sueños aquí, en este territorio nuevo que un día será mítico, el cada vez menos Lejano y más Salvaje Oeste.”