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Archivo de enero, 2012

post de prueba

por David, ene.27, 2012 | blog

Estoy teniendo problemillas (bueno, siempre los he tenido) para subir imágenes, y me dicen los simpáticos holandeses que tienen mi hosting que pruebe a subir una imagen, así que vamos a probar…

(por cierto, foto de la autora de mi primera reseña, ¡chispas!)

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Aroa Moreno reseña Manual para coyotes

por David, ene.27, 2012 | reseñas

(…) Los personajes que forman parte de estos cuentos, alejados de la poesía y la mística, son mucho más que sombras desafortunadas, enraízan con las pasiones más altas y más bajas, con el escaso precio que a la vida se da en ocasiones, cuando los tiempos no acompañan al romanticismo y los valores.

304 veces una mano que a veces tiembla, que a veces se lo piensa dos veces, presiona el gatillo y precisa, la munición, como las palabras, avanzan decididas, abriéndose paso. Es ahí donde David gana este duelo, cuando ya no tienes más remedio que rendirte a que la bala de la historia se abra camino y no te queda más que seguir leyendo, que oler el polvo del camino. (…)

El resto de la crítica (léanla, porque esta mujer escribe como el ángel que es), en El viaje de las Pléyades.

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la semana que viene, los coyotes en Madrid

por David, ene.27, 2012 | libro

Ayer conocí a mi editor en la presentación de El vuelo de la morca, de Julio Rodríguez, y me pareció un tipo encantador. Claro que probablemente uno sea un tanto sesgado cuando conoce a alguien que ha decidido gastarse unos cuartos en editarle un libro, y le pareciese encantador aunque desayunase bebés a la brasa, pero como no es el caso, supongo que lo será al margen de que le vaya cumpliendo a uno sueños o no.

El caso es que me contó que, pese a que la fecha de salida del libro es hoy, en esta fecha el libro estar está, pero está disponible para su venta a través de internet y en la distribuidora de Barcelona. Por lo visto la distribución de novedades sigue una serie de reglas confusas y arcanas (creo que debería gustarme menos esa palabra) y eso conduce a que aquí, en el centro del universo (léase Madrid), no vayamos a poder verlo hasta la semana que viene. De todas formas iré informando vía Twitter y vía Facebook de cuando tengo noticias suyas por aquí por la cercanía.

Y no escribo más en este post, que tengo que poner otro bastante mejor.

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Manual para coyotes, a partir el 27 de enero

por David, ene.19, 2012 | libro

Bueno, después de haber colgado la portada del libro en el fotoblog, vamos a ir empezando a anunciar cosillas, y para ello ¿qué mejor que copiar la nota de prensa de la editorial?

Así dice el resumen, que habitará la contraportada del libro:

“Las películas de Hollywood y las novelitas populares de quiosco grabaron en nuestra memoria la figura del pistolero que cabalga por un territorio que ya es parte del imaginario colectivo: el Lejano Oeste. David Ruiz ofrece en Manual para coyotes una colección de historias sobre la trágica suerte de aquellos eternos perdedores, perseguidos sin piedad por su destino. Con singular talento narrativo, el autor renueva las leyendas del western y transforma los viejos estereotipos en mitos vigentes.”

(Como podéis ver, al final el resumen no se parece en nada al que parecía definitivo y que colgué por aquí atrás: todas las vueltas que no ha dado el libro las ha dado el dichoso resumen).

La nota de prensa termina diciendo cosas técnicas, como “Menoscuarto Ediciones Colección Reloj de arena; 56. ISBN: 978-84-96675-83-4 112 págs. | 14 x 21 cm | Precio sin IVA: 12,50 € – PVP: 13 € A la venta a partir del 27 DE ENERO”, de las que supongo que las más relevantes para nosotros son las páginas y el tamaño (para confirmar que si hay que adquirir una nueva Estantería Billy en Ikea no será por culpa mía) y el precio. 13 €. Es estupendo que sea un número primo, ¿verdad?

Y como este post ha sido hasta ahora básicamente copiar y pegar, voy a seguir un rato con una ronda de auto-preguntas y auto-respuestas, y luego a contar algo más sobre el librito.

P. ¿Pero realmente es un manual?
R. No. En teoría no debería ir a parar a las estanterías de las secciones de autoayuda. Aunque el título puede confundir a los estibadores, así que no las perdáis de vista.

P. ¿Pero realmente es del Oeste?
R. Sí. Far West total.

P. ¿Pero el Western no había muerto?
R. Sí, ¡y la novela, y mírala, que están las librerías llenas! Que alguien se lo diga a los hermanos Coen, o a Tarantino, que está a punto de sacar el suyo.

P. ¿Pero no se supone que los primeros libros que escribe la gente son básicamente autobiográficos?
R. Sí, pero es que me gusta mucho llevar la contraria.

P. ¿Seguro que no se ofrece ninguna recompensa por mí vivo o muerto en, qué sé yo, Tombstone?
R. No. Y en el libro no salen ni Tombstone ni Dodge City.

P. ¿Y entonces qué sale?
R. Sobre todo Odgen, un pueblito de Utah.

P. ¿Y no salen Billy el Niño o Buffalo Bill?
R. No. Por no salir no sale ni Dallas Stoudenmire, que les daba mil vueltas. Aunque sí sale un personaje real, pero que yo sepa es bastante desconocido.

P. ¿Y entonces, son relatos?
R. Sí, aunque me siento un poco traidor al respecto, porque me parece que hay una novela que corre entre ellos.

P. ¿Y entonces por qué diablos no he escrito esa novela, en vez de relatos?
R. Pues porque me parecía más aburrida. Porque no dejaba apartar la vista y mirar a esos personajes a los que nunca se les presta mucha atención. Porque así puedo seguir a los personajes un rato y dejarlos desamparados después, como en realidad estaban.

P. ¿Y salen Indios?
R. Sí, salen indios, y putas, y se bebe whisky, y se llevan Colts al cinto. Pero mis indios, aviso, no son precisamente simpáticos.

P. ¿Y coyotes, salen?
R. Salen animales hambrientos, sucios y bastante desesperados por seguir vivos. Pero coyotes, lo que se dice coyotes, no, no salen.

P. ¿Entonces se llama Manual para coyotes, y ni es un manual, ni salen coyotes?
R. ¡Exacto!

P. ¿¡Y no se me cae la cara de vergüenza!?
R. No, aunque si algún coyote se compra el libro y se lleva un chasco, inducido a error por el título, prometo desagraviarle comprándole un buen hueso.

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el advenimiento del e-book

por David, ene.11, 2012 | blog

Como se da la circunstancia de que me van a publicar un libro, creo que ya estoy totalmente autorizado para encaramarme al púlpito y divagar un rato sobre la muerte del libro tal y como lo conocíamos para ser reemplazado por un archivo digital que se lee en un e-book, asunto este que, por lo visto, aterroriza a la mayoría de editores y libreros y a la minoría de escritores que venden mucho, a la vez que hace frotarse las manos y salivar mucho, supongo, a los próceres de la venta electrónica, léase Amazon, iTunes o lo que surja. Por hacer el relato un poco más ameno y darle un toque personal, voy a ir alternando los párrafos con cánticos improvisados.

*ADEEESTE, FIDE E LEEES…*

Para posicionarme tengo que hacer mía la opinión de uno de los grandes de esto de arrejuntar palabros, Umberto Eco, que a dúo con Jean-Claude Carrière opinaba en Nadie acabará con los libros que, como la rueda, el martillo o el tenedor el libro es un invento tecnológico simple y útil y que por tanto no es muy susceptible a cambiar a lo largo del tiempo.

*SOY MINEROOO…*

Repasando la historia del libro y dejando atrás los rollos de papiro y las grabaciones en tablillas de arcilla, el libro tal y como lo conocemos a día de hoy (un par de pastas que protejan el contenido y un montón de hojas escritas dentro) tiene alrededor de dos mil años de antigüedad, y su popularización es una de las pocas cosas que se le puede agradecer al cristianismo, pues fueron ellos quienes por lo visto lo pusieron de moda. Evidentemente el negocio de fabricarlos se vio patas arriba cuando Gutenberg sacó su inventito hace poco menos de seis siglos, pero sustancialmente el producto resultante, salvo por la uniformidad de los caracteres y porque ya no se estila mucho lo de hacer grabados medievales, sigue siendo lo mismo, y el invento de Gutenberg tan sólo sirvió para hacer más fácil su publicación y, supongo, para enviar al paro a la mayoría de los grabadores y escribas, que no sé si armarían mucho revuelo.

*LA LAAA, LA LA LA LAAA, MI SECRETO DISENTIRE RUMOOOREEE, RUMOOOREEE…*

Lo que nos puede llevar a considerar si esto del e-book no puede ser un invento en esa misma onda, otra herramienta para hacer más sencilla la fabricación de libros, porque si bien es cierto que para que un e-book sea leído necesita de una máquina considerablemente más complicada que el libro en sí (una cosa con chips y batería y pantalla y botones) una vez obtenida sirve de soporte para incontables libros que no dejan de ser un archivo de texto guardado con cierto formato, o lo que es lo mismo, el texto puro y duro codificado de cierta manera: de esta manera el libro pasa a ser más que un producto en sí su propia esencia, y cuando alguien se descarga el e-book del último libro de su escritor favorito lo que está haciendo es recuperar simplemente las palabras para mostrarlas en un trasto que ya tiene: y qué necesidad habría entonces de impresores y librerías.

*EL CRISTAL CUANDO SE EMPAÑA SE LIMPIA Y VUELVE A BRILLAAAR, NI MÁS NI MENOS, NI MÁS NI MENOS…*

Llegados a este punto es donde mucha gente se tira de los pelos y grita que viene el apocalipsis. Pero volvamos a mirar ese invento de cerca de dos mil años de antigüedad y comparemos el tándem libro electrónico con e-books cargados dentro con él.

*SAAALVEEE, REGIIINAAA, MATER MISERICOOORDIAAA…*

Es evidente que el nuevo producto tiene sus ventajas, como sabe quien tenga uno y quiera irse de vacaciones y llevarse unos libros o quien quiera leerse un libro especialmente grueso en el metro, camino de la oficina: es ligero, ocupa poco, por lo visto no se lee mal, y sobre todo caben muchos libros, y pueden caber muchos más, sin necesidad de atestarnos la casa de estanterías.

*UNA VIEJA Y UN VIEJO VAN P’ALBACETE, VAN P’ALBACETE, VAN P’ALBACETEEE…*

Pero no sé si será la madurez, que me empieza a afectar, o la consecuencia de haber asistido en primera fila a toda la historia de la informática moderna desde que tuve mi primer Amstrad CPC 464 hasta el iPhone, o simple adicción al libro en sí, pero desconfío bastante tanto de esa depuración del libro hasta su esencia, el archivo con el texto, tan fácil de perder (¿quién no ha perdido datos con la muerte de algún disco duro, con la pérdida de algún aparato, o con algún despiste propio?) o de quedar obsoleto: ¿aún es compatible un archivo .wpd con Word? ¿Es legible por un libro electrónico? ¿Qué nos asegura que dentro de 10, 20, 30 años el formato en el que ahora obtenemos un libro no haya quedado obsoleto?

*…*

(esta canción es que es instrumental)

Contemplemos, por buscar ejemplos de atropello grave por avances tecnológicos, la música, herida de muerte en sus ventas por Internet y la invención y popularización del formato MP3, una historia trágica, la de este otro arte, que mucha gente ve paralela a la de la literatura, aunque incomprensiblemente adelantada (incomprensiblemente, digo, porque si bien es cierto que ahora los ordenadores y los cacharros modernos manejan la música de perlas en principio no era así, mientras que desde el principio de sus tiempos estos cacharros han sido capaces de manejar textos). La música, a principios del siglo XX, tenía el formato del vinilo, y según fue pasando el año este formato fue cayendo en un desuso (ni siquiera absoluto, lo que vaticina la supervivencia del libro aunque sólo sea restringido a nosotros, sus adictos) mientras era apartado a un lado por una serie de productos que, por su parte, iban desmoronándose cada par de décadas para ser reemplazados por la siguiente oleada: cintas de toda clase, tamaño y condición, CDs, mini CDs… y ahora la nada, la esencia pura, lo que es a la canción lo que el archivo epub al libro, un fichero, unos y ceros, que pueden guardarse, llevarse y reproducirse en todo tipo de cosas, pendrives, discos duros, televisores, teléfonos. O el cine, que de igual manera y de forma más escandalosa ha asistido a los sucesivos desplomes de los formatos; en apenas treinta años se apiñan el 2000 que nadie recuerda, el difunto Betamax, el VHS que duró un tiempo, el Laserdisc, el DVD que vendieron como la repanocha y que se raya a la tercera de cambio, el Blu-ray…

*NAPSTER, NAPSTER, WHERE IS THE MONEY I’VE BEEN AFTER?…*

La conclusión obvia es que mientras el libro presenta dos formas (la clásica, con sus casi dos mil años, y la nueva, la amenaza) las comparaciones no pueden ser del todo válidas porque ambas dos presentan un atropello de formatos y medios y formas que responden a una razón evidente: que casi todos ellos eran poco prácticos, poco resistentes al paso del tiempo y fácilmente mejorables. Mientras que el libro aguanta lo que le echen (por ejemplo tengo libros que, siendo de ediciones malunas, tienen mi edad, y aunque estén descosidos siguen siendo perfectamente legibles), es resistente (uno puede bañarse con un libro, que se moje, secarlo y poder volver a leerlo, pero que alguien pruebe a hacer lo mismo con un e-book) y además queda bonito.

*BRING ME YOUR DAUGHTEEER, BRING ME YOUR DAUGHTEEER, TO THE SLAAAUGHTEEER…*

Y por eso mismo yo creo que la amenaza al libro no son los nuevos formatos ni las nuevas tecnologías, y sospecho que vamos a tener libros para largo. Aún así las ventas caen, suben (menos) las de los e-books y tiembla el mundo editorial. Eso, creo yo, se debe a dos razones, distintas, una por producto.

*ME DA IGUAL, ME V’I A PONER DELTOYA SIN PARAR, ME DA IGUAL…*

Por un lado tenemos el libro tradicional, enfermo en sus ventas: hay quien se empeña en echarle la culpa al e-book y al Gran Satán, Internet, cuando yo creo que los motivos son otros, como por ejemplo que se editan cada vez más y más libros (lo que repercute en la literatura bajando la calidad media del producto), que lee cada vez menos gente (o quizá simplemente la misma, porque leer, las cosas como son, no es que sea una costumbre tan extendida como a veces pensamos, en cuanto uno se sale del best-seller de turno), cuando esto lo que hace es reivindicar el papel de las editoriales, que deben ser las que por un lado sirvan de filtro, no publicando la basura que alguna que yo me sé publica, y por el otro haciendo un producto bello, digno de colocar en una estantería en mitad del salón. Resumiendo, haciendo libros buenos y bonitos.

*MAMMA MIA MAMMA MIA, MAMMA MIA LET IT GO, BEEELCEBUUU…*

Y por el otro tenemos los libros electrónicos, que son fáciles de piratear, por su propia naturaleza, y caros de adquirir por la estúpida razón de que su precio se sube para compensar a los libreros encareciendo un producto cuyo beneficio, ya sea alto o bajo, no sólo no ven los libreros por ninguna parte sino que además escama al lector, pues es consciente de que no puede ser que valga lo mismo fabricar y distribuir un libro que colgar un archivo en una web. En cualquier caso quien los compra (o se los descarga sin soltar un duro) está manifestando un desapego al libro tradicional que puede deberse sobre todo a tres factores: que le dé igual en general, que le dé igual para ese libro concreto (quizá porque no se lo tome muy en serio, con lo que el libro es carnaza para el pirateo, digamos que un manual de software o la última de Zafón) o que le estorben los libros porque, qué sé yo, ya tenga muchos, o viva en un estudio de 25 metros cuadrados. Si el motivo es este último, qué le vamos a hacer. Si es cualquiera de los otros, la conclusión salvadora, para el libro tradicional, es la misma que la del párrafo anterior, ofrecer un buen producto y un producto bonito, dando además la opción, para quien así la quiera, de obtener el texto sin el soporte clásico y allá se las apañe con los peligros que acechan a los archivos, meros cambios eléctricos en las entrañas de un aparato siempre propenso a dejar de funcionar.

*THIS IS THE EEEEND, MY ONLY FRIEND, THE EEEND…*

Recapitulando, opino yo que la salvación del mundo editorial clásico pasa no por aborrecer ahora la tecnología (de la que, en cambio, siempre se ha venido beneficiando, porque supongo que con la variedad de impresoras que hay editar a día de hoy un libro es más sencillo que hace cien años, por ejemplo), lucha esa siempre estúpida porque siempre se termina perdiendo, sino por amar el producto, hacerlo bien y cruzar los dedos porque a la gente le interese, porque creo que es evidente que no van a dejar ni de leerse ni de fabricarse, y que a fin de cuentas lo que necesita la literatura son lectores. Y, por qué no, por darle al usuario que quiera prescindir del libro en sí la posibilidad de leerlo por un coste menor. Y sobre todo por comprarme el libro cuando salga, claro. Eso es fundamental para la supervivencia de la literatura, ¿eh?

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