el advenimiento del e-book
por David, ene.11, 2012 | blog
Como se da la circunstancia de que me van a publicar un libro, creo que ya estoy totalmente autorizado para encaramarme al púlpito y divagar un rato sobre la muerte del libro tal y como lo conocíamos para ser reemplazado por un archivo digital que se lee en un e-book, asunto este que, por lo visto, aterroriza a la mayoría de editores y libreros y a la minoría de escritores que venden mucho, a la vez que hace frotarse las manos y salivar mucho, supongo, a los próceres de la venta electrónica, léase Amazon, iTunes o lo que surja. Por hacer el relato un poco más ameno y darle un toque personal, voy a ir alternando los párrafos con cánticos improvisados.
*ADEEESTE, FIDE E LEEES…*
Para posicionarme tengo que hacer mía la opinión de uno de los grandes de esto de arrejuntar palabros, Umberto Eco, que a dúo con Jean-Claude Carrière opinaba en Nadie acabará con los libros que, como la rueda, el martillo o el tenedor el libro es un invento tecnológico simple y útil y que por tanto no es muy susceptible a cambiar a lo largo del tiempo.
*SOY MINEROOO…*
Repasando la historia del libro y dejando atrás los rollos de papiro y las grabaciones en tablillas de arcilla, el libro tal y como lo conocemos a día de hoy (un par de pastas que protejan el contenido y un montón de hojas escritas dentro) tiene alrededor de dos mil años de antigüedad, y su popularización es una de las pocas cosas que se le puede agradecer al cristianismo, pues fueron ellos quienes por lo visto lo pusieron de moda. Evidentemente el negocio de fabricarlos se vio patas arriba cuando Gutenberg sacó su inventito hace poco menos de seis siglos, pero sustancialmente el producto resultante, salvo por la uniformidad de los caracteres y porque ya no se estila mucho lo de hacer grabados medievales, sigue siendo lo mismo, y el invento de Gutenberg tan sólo sirvió para hacer más fácil su publicación y, supongo, para enviar al paro a la mayoría de los grabadores y escribas, que no sé si armarían mucho revuelo.
*LA LAAA, LA LA LA LAAA, MI SECRETO DISENTIRE RUMOOOREEE, RUMOOOREEE…*
Lo que nos puede llevar a considerar si esto del e-book no puede ser un invento en esa misma onda, otra herramienta para hacer más sencilla la fabricación de libros, porque si bien es cierto que para que un e-book sea leído necesita de una máquina considerablemente más complicada que el libro en sí (una cosa con chips y batería y pantalla y botones) una vez obtenida sirve de soporte para incontables libros que no dejan de ser un archivo de texto guardado con cierto formato, o lo que es lo mismo, el texto puro y duro codificado de cierta manera: de esta manera el libro pasa a ser más que un producto en sí su propia esencia, y cuando alguien se descarga el e-book del último libro de su escritor favorito lo que está haciendo es recuperar simplemente las palabras para mostrarlas en un trasto que ya tiene: y qué necesidad habría entonces de impresores y librerías.
*EL CRISTAL CUANDO SE EMPAÑA SE LIMPIA Y VUELVE A BRILLAAAR, NI MÁS NI MENOS, NI MÁS NI MENOS…*
Llegados a este punto es donde mucha gente se tira de los pelos y grita que viene el apocalipsis. Pero volvamos a mirar ese invento de cerca de dos mil años de antigüedad y comparemos el tándem libro electrónico con e-books cargados dentro con él.
*SAAALVEEE, REGIIINAAA, MATER MISERICOOORDIAAA…*
Es evidente que el nuevo producto tiene sus ventajas, como sabe quien tenga uno y quiera irse de vacaciones y llevarse unos libros o quien quiera leerse un libro especialmente grueso en el metro, camino de la oficina: es ligero, ocupa poco, por lo visto no se lee mal, y sobre todo caben muchos libros, y pueden caber muchos más, sin necesidad de atestarnos la casa de estanterías.
*UNA VIEJA Y UN VIEJO VAN P’ALBACETE, VAN P’ALBACETE, VAN P’ALBACETEEE…*
Pero no sé si será la madurez, que me empieza a afectar, o la consecuencia de haber asistido en primera fila a toda la historia de la informática moderna desde que tuve mi primer Amstrad CPC 464 hasta el iPhone, o simple adicción al libro en sí, pero desconfío bastante tanto de esa depuración del libro hasta su esencia, el archivo con el texto, tan fácil de perder (¿quién no ha perdido datos con la muerte de algún disco duro, con la pérdida de algún aparato, o con algún despiste propio?) o de quedar obsoleto: ¿aún es compatible un archivo .wpd con Word? ¿Es legible por un libro electrónico? ¿Qué nos asegura que dentro de 10, 20, 30 años el formato en el que ahora obtenemos un libro no haya quedado obsoleto?
*…*
(esta canción es que es instrumental)
Contemplemos, por buscar ejemplos de atropello grave por avances tecnológicos, la música, herida de muerte en sus ventas por Internet y la invención y popularización del formato MP3, una historia trágica, la de este otro arte, que mucha gente ve paralela a la de la literatura, aunque incomprensiblemente adelantada (incomprensiblemente, digo, porque si bien es cierto que ahora los ordenadores y los cacharros modernos manejan la música de perlas en principio no era así, mientras que desde el principio de sus tiempos estos cacharros han sido capaces de manejar textos). La música, a principios del siglo XX, tenía el formato del vinilo, y según fue pasando el año este formato fue cayendo en un desuso (ni siquiera absoluto, lo que vaticina la supervivencia del libro aunque sólo sea restringido a nosotros, sus adictos) mientras era apartado a un lado por una serie de productos que, por su parte, iban desmoronándose cada par de décadas para ser reemplazados por la siguiente oleada: cintas de toda clase, tamaño y condición, CDs, mini CDs… y ahora la nada, la esencia pura, lo que es a la canción lo que el archivo epub al libro, un fichero, unos y ceros, que pueden guardarse, llevarse y reproducirse en todo tipo de cosas, pendrives, discos duros, televisores, teléfonos. O el cine, que de igual manera y de forma más escandalosa ha asistido a los sucesivos desplomes de los formatos; en apenas treinta años se apiñan el 2000 que nadie recuerda, el difunto Betamax, el VHS que duró un tiempo, el Laserdisc, el DVD que vendieron como la repanocha y que se raya a la tercera de cambio, el Blu-ray…
*NAPSTER, NAPSTER, WHERE IS THE MONEY I’VE BEEN AFTER?…*
La conclusión obvia es que mientras el libro presenta dos formas (la clásica, con sus casi dos mil años, y la nueva, la amenaza) las comparaciones no pueden ser del todo válidas porque ambas dos presentan un atropello de formatos y medios y formas que responden a una razón evidente: que casi todos ellos eran poco prácticos, poco resistentes al paso del tiempo y fácilmente mejorables. Mientras que el libro aguanta lo que le echen (por ejemplo tengo libros que, siendo de ediciones malunas, tienen mi edad, y aunque estén descosidos siguen siendo perfectamente legibles), es resistente (uno puede bañarse con un libro, que se moje, secarlo y poder volver a leerlo, pero que alguien pruebe a hacer lo mismo con un e-book) y además queda bonito.
*BRING ME YOUR DAUGHTEEER, BRING ME YOUR DAUGHTEEER, TO THE SLAAAUGHTEEER…*
Y por eso mismo yo creo que la amenaza al libro no son los nuevos formatos ni las nuevas tecnologías, y sospecho que vamos a tener libros para largo. Aún así las ventas caen, suben (menos) las de los e-books y tiembla el mundo editorial. Eso, creo yo, se debe a dos razones, distintas, una por producto.
*ME DA IGUAL, ME V’I A PONER DELTOYA SIN PARAR, ME DA IGUAL…*
Por un lado tenemos el libro tradicional, enfermo en sus ventas: hay quien se empeña en echarle la culpa al e-book y al Gran Satán, Internet, cuando yo creo que los motivos son otros, como por ejemplo que se editan cada vez más y más libros (lo que repercute en la literatura bajando la calidad media del producto), que lee cada vez menos gente (o quizá simplemente la misma, porque leer, las cosas como son, no es que sea una costumbre tan extendida como a veces pensamos, en cuanto uno se sale del best-seller de turno), cuando esto lo que hace es reivindicar el papel de las editoriales, que deben ser las que por un lado sirvan de filtro, no publicando la basura que alguna que yo me sé publica, y por el otro haciendo un producto bello, digno de colocar en una estantería en mitad del salón. Resumiendo, haciendo libros buenos y bonitos.
*MAMMA MIA MAMMA MIA, MAMMA MIA LET IT GO, BEEELCEBUUU…*
Y por el otro tenemos los libros electrónicos, que son fáciles de piratear, por su propia naturaleza, y caros de adquirir por la estúpida razón de que su precio se sube para compensar a los libreros encareciendo un producto cuyo beneficio, ya sea alto o bajo, no sólo no ven los libreros por ninguna parte sino que además escama al lector, pues es consciente de que no puede ser que valga lo mismo fabricar y distribuir un libro que colgar un archivo en una web. En cualquier caso quien los compra (o se los descarga sin soltar un duro) está manifestando un desapego al libro tradicional que puede deberse sobre todo a tres factores: que le dé igual en general, que le dé igual para ese libro concreto (quizá porque no se lo tome muy en serio, con lo que el libro es carnaza para el pirateo, digamos que un manual de software o la última de Zafón) o que le estorben los libros porque, qué sé yo, ya tenga muchos, o viva en un estudio de 25 metros cuadrados. Si el motivo es este último, qué le vamos a hacer. Si es cualquiera de los otros, la conclusión salvadora, para el libro tradicional, es la misma que la del párrafo anterior, ofrecer un buen producto y un producto bonito, dando además la opción, para quien así la quiera, de obtener el texto sin el soporte clásico y allá se las apañe con los peligros que acechan a los archivos, meros cambios eléctricos en las entrañas de un aparato siempre propenso a dejar de funcionar.
*THIS IS THE EEEEND, MY ONLY FRIEND, THE EEEND…*
Recapitulando, opino yo que la salvación del mundo editorial clásico pasa no por aborrecer ahora la tecnología (de la que, en cambio, siempre se ha venido beneficiando, porque supongo que con la variedad de impresoras que hay editar a día de hoy un libro es más sencillo que hace cien años, por ejemplo), lucha esa siempre estúpida porque siempre se termina perdiendo, sino por amar el producto, hacerlo bien y cruzar los dedos porque a la gente le interese, porque creo que es evidente que no van a dejar ni de leerse ni de fabricarse, y que a fin de cuentas lo que necesita la literatura son lectores. Y, por qué no, por darle al usuario que quiera prescindir del libro en sí la posibilidad de leerlo por un coste menor. Y sobre todo por comprarme el libro cuando salga, claro. Eso es fundamental para la supervivencia de la literatura, ¿eh?
enero 12th, 2012 on 10:07
Una de las cosas que dices, la poca confianza que inspira el nuevo medio como forma de “tener” libros, para mí es muy importante. A mí me impide comprar en formato e-book títulos que me interesen de verdad; porque los quiero en libro, y no solo por querencia al objeto sino para asegurarme de que van a durar y los voy a conservar.
Bárbaro, lo del fondo musical.
Un abrazo. Cuánto tiempo.
enero 12th, 2012 on 10:40
Si es que les hemos cogido cariño, a los libritos: a mí es que me relaja saber que ahí, en la estantería, están esos párrafitos maravillosos, y que cuando quiera puedo ir y pasarles el dedo por encima a las líneas.
Un abrazo, un abrazo. Y reduciré los tiempos, es uno de mis propósitos de año nuevo (junto con intentar no provocar guerras nucleares).
enero 21st, 2012 on 11:45
Yo hace años que tengo un libro electrónico y estoy encantado. El ahorro de espacio y dinero es considerable. Ahora bien, sigo comprándome libros tradicionales porque, como dices, no es lo mismo. Eso sí, compro los que me interesan de verdad, como dicen arriba.
También es verdad que alguno de los libros digitales ni siquiera termino de leerlo por que son una mierda, y ni lo habría cogido de la estantería de la librería si tuviera que pagar, pero también descubro alguna joyita que no conocía.
En realidad, pasa igual que con la música o el cine: consumes mucho más, pero guardas el dinero para los conciertos, películas y libros que sabes que son buenos. Las editoriales están cometiendo el mismo error que ya cometieron las discográficas y los estudios de cine: quieren cobrar por un archivo casi lo mismo que por el producto físico y la gente, aunque lo parezca, tonta del todo no es y se lo coge gratis.
PD: ¿está tu librillo en formato epub? No vayas a dejar de escribir como protesta, en plan Lucía Etxebarría :p.
enero 21st, 2012 on 14:11
Pues aunque en el contrato hay un apartado sobre libro electrónico no sé yo si sale en ese formato o no, ¡lo preguntaré!
Pero vamos, que como bien dices hay que conservar lo conservable, así que CÓMPRAME EL LIBROOO, MYRDDYNETEEE.